abeja picandoÚltimamente el veneno de abeja está adquiriendo cierta notoriedad,los medios de comunicación nos proyectan reportajes en los que muestran extrañados como “alguien”, al que no saben muy bien como definir, ya que nuestro sistema sanitario no otorga ninguna titulación, ni reconoce esa práctica curativa, pica con una abeja a un paciente (presumiblemente desesperado) para aliviar sus dolores. Tampoco resulta arriesgado, aventurar la cara de incredulidad de no pocos de los televidentes.

Estos reportajes, emitidos como innovadores, no descubren nada, simplemente están removiendo un baúl repleto de sabiduría, que por una parte, los intereses económicos y por otra ,el refinamiento de nuestra sociedad, cerraron con llave hace muchos años.

Hipócrates, por citar solo un ejemplo, describía el veneno de abeja como ” una medicina extraña y misteriosa”con gran poder antiinflamatorio. Como resultado de este conocimiento era empleado como tratamiento en enfermedades inflamatorias, como la artritis. Así “del productor al consumidor”, abejas sobre la zona afectada y que piquen, era la medicina de los bravos. Carlomagno, curó su padecimiento de gota de esta manera. Estas prácticas se prolongaron a través del tiempo, hasta que  las evidencias empíricas dieron paso a un conocimiento científico y racional que ratificaba toda la sabiduría popular. De esta forma, avalada por las virtudes del veneno, nacía allá por 1914, una nueva ciencia, una nueva medicina, LA APITERAPIA. Su reconocimiento fue dispar, con una amplia difusión en paises del Este de Europa, e ignorada en el resto, allí donde la medicina oficial se afanaba más en destruir que en crear.

No sólo es el veneno, todos los productos de la colmena están preñados de virtudes curativas, pero vamos a dedicarle unas líneas a uno que podíamos denominar como bipolar, tiene dos caras, una amarga, preparada para matar y otra dulce y solidaria, capaz de aliviar y curar.

El veneno es un producto segregado por dos pares de glándulas de las obreras, una de naturaleza ácida y otra de naturaleza alcalina.

Al segundo día de su nacimiento estas glándulas empiezan a trabajar,  a secretar  veneno, culminando su función a los 15-16 días, momento, no causal, que coincide  con un cambio de rol en la vida laboral de la abeja, un ascenso automático, pasando de ser casi una inofensiva  ama de casa, a una mortal guardiana y defensora.

La abeja es un animal noble, no ataca, defiende.

El aguijón es un largo estilete de 2 mm de largo, puntiagudo y 0,1mm de diámetro, no es liso, tiene unos salientes endientas de sierra forma de dientes de sierra, que resultan fatales para la obrera ,son los que le impiden a la abeja extraerlo una vez que pica, de tal cruel manera que  parte de su abdomen se desprende de su cuerpo, quedando el pobre animal partido en dos, causa de una muerte segura.

El zángano está desprovisto de aguijón, es inofesivo.

La reina, sí lo tiene, pero aquí la naturaleza, una vez más demostró su enorme sabiduría protegiéndola de la muerte al picar. Ella, sólo pica a las de su linaje, a otras reinas que le puedan discutir la corona. Ella es el alma de la colmena, su muerte ocasionaría la posible desaparición de la familia.

A modo de reflexión personal, pienso que se ha castigado cruelmente a la abeja obrera, por defender solidariamente o defenderse, sin atacar, muere., Ante esta situación y a modo de consuelo ,solo nos queda pensar que la naturaleza, no ve a la abeja como un ser aislado , independiente,sino que lo ve como parte de la colonia de la familia apícola, de una unidad funcional, un superorganismo y las dichas o desdichas de uno de sus integrantes, no importan, lo que prevalece es el conjunto

Quizás este hecho, sea una señal más del tan nombrado espíritu de la colmena.

 

 

 

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