Romero

Izquierda: detalle de las flores del romero. Derecha: romero con la planta parásita Cuscuta epithymum

Nombre científico: Rosmarinus officinalis L.

Familia: LABIADAS (Lamiaceae)

Descripción: mata arbustiva, perenne. Tallos tiesos con muchas glándulas de esencia aromática. Hojas de 2 a 3 cm, simples, con pelos glandulares. El haz de las hojas es verde intenso y el envés blanco (por los pelos glandulares). Flores bilabiadas de color morado, violeta, azulado o blanco, con manchas coloreadas. El sabor de las hojas y de las sumidades floríferas es intensamente aromático, canforáceo y un poco picante.

Se cría: en matorrales y formaciones arbóreas abiertas sobre cualquier tipo de suelo. Desde 0 hasta 1600 m sobre el nivel del mar.

Distribución: es una especia autóctona del mediterráneo, aunque se cultiva como ornamental por todo el mundo, habiéndose asilvestrado en lugares como Chipre, Persia, Canarias, Centroamérica o Chile. En la península ibérica se desarrolla por casi todas las provincias, salvo en aquellas que gozan de climas muy fríos y húmedos.

Floración: generalmente florece casi todo el año, disminuye el número de flores durante el verano, pero vuelve a responder con las primeras lluvias de otoño. Las abejas enloquecen en lugares con mucho romero, ya que ofrecen mucho néctar en época de escasez de plantas melíferas. Por eso puede constituir una gran mielada y se puede producir miel monofloral de romero.

Miel de romero: cuando no se ha sometido a procesos de transformación, se trata de una miel bastante espesa y decolor ámbar claro que, al cristalizar, adquiere una textura más dura y un color blanco. Favorece las funciones del

hígado y combate el agotamiento físico e intelectual, actúa contra cefaleas y migraña. Esta miel es rica en litio, lo que le otorga unas propiedades específicas: resulta expectorante, tónica, digestiva, balsámica, desinfectante y antirreumática.

 

Propiedades medicinales: dice el refrán que “de las virtudes del romero se puede escribir un libro entero”, si bien nosotros resumiremos las principales. Es estimulante, antispasmódico y ligeramente diurético. También se usa como colagogo (facilita la secreción biliar) y exteriormente se emplea como anti-inflamatoria y vulneraria (cura llagas y heridas).

Curiosidades botánicas: en las costas de Málaga y Granada (acantilados de Maro-Cerro Gordo) crece otra especie de romero de apetencias rupícolas, llamado Romero Blanco (Rosmarinus tomentosus), con el haz de color blanco debido al tomento (pelos glandulíferos) y de porte más rastero. Este romero blanco suele hibridarse con el romero típico por estas zonas, generando la especie Rosmasrinus x mendizabali, la cual tiene algunas hojas y ramas blancas y otras de color verde intenso. Otros romeros típicos de jardines son de porte rastrero, y se corresponden a variedades híbridas de la especie R. officinalis con Rosmarinus eriocalix (romero que se desarrolla sobre yeseras en la provincia de Almería).

Etnobotánica

Su nombre científico es Rosmarinus officinalis, perteneciente a la familia de las Labiadas. El nombre latino del romero, Rosmarinus, significa rocío marino, así era conocido por los romanos por criarse cerca de la costa; según otros autores deriva del griego rhops: arbusto y myrinos: aromático, aludiendo a su aroma.

Para nosotros simplemente romero.

Es un arbusto  pequeño que puede alcanzar entre 1-2 metros de altura, perenne, leñoso, de flores blancas y azules y con hojas siempre verdes y muy aromáticas. Decía Linneo “que el romero era tan abundante en España que los navegantes antes de divisar tierra percibían su olor”.

El romero ha sido desde la antigüedad una planta querida y apreciada. Sus virtudes han dado lugar a leyendas de carácter divino, espiritual y mágico. En la antigüedad era un reputado afrodisíaco, hombres y mujeres vivían encantados con sus efectos, motivo por el cual fue consagrada  por los romanos a la diosa del amor, Afrodita. Y a Venus por los griegos.

Los griegos y los romanos la consideraban una planta sagrada. Ambos pueblos creían que el romero simboliza el amor y la muerte, apareciendo desde entonces esta planta en bodas y funerales. Era costumbre poner a los difuntos un ramito de la planta en la mano, como símbolo de la inmortalidad del alma y se quemaba como incienso en los funerales (se han encontrado restos de romero incluso en las tumbas de la Primera Dinastía Egipcia). Debido a su reputación de fortalecer la memoria, el romero también se convirtió en el emblema de la fidelidad entre los amantes. Como resultado, tanto en Grecia como en Roma el romero se usaba en las ceremonias matrimoniales, y a los invitados de honor a los festejos se les coronaba con guirnaldas de romero. Como símbolo de devoción eterna, los ramillos de romero siguen llevándolos los novios en la solapa y las novias en su buqué o corona matrimonial.

Los romanos lo quemaban como sahumerio para purificar su lar (hogar). Esta costumbre aún hoy sigue practicándose “romero, romero, que salga lo malo y entre lo bueno”.

Para los cristianos, el romero debe el color de sus flores a una leyenda que relata que, cuando la Virgen María huyó a Egipto para salvar al niño Jesús, lo colocó sobre una cama de flores blancas, y que, al levantarlo, éstas se habían tornado azules.
En la Edad Media la planta era ampliamente utilizada y dio nombre a los romeros o peregrinos, ya que era frecuentemente empleada tras las duras marchas a pie por sus propiedades calmantes y relajantes. Aún en esta época seguía considerándose la planta del amor, por su poder estimulante.
Así, desde el principio de los tiempos, el romero ha sido una de las plantas más empleadas por los habitantes de la península ibérica, desde los usos culinarios hasta medicinales, pasando por planta tintórea, etc.
El romero en la literatura: Tomás Moro escribió: “En lo que respecta al romero, dejo que cubra los muros de mi jardín, no solamente a causa del aprecio que le tienen mis abejas, sino porque es la hierba consagrada al recuerdo y, por ende, a la amistad; de ahí que un ramillo de la hierba tenga un lenguaje mudo que la hace ser el emblema escogido en nuestros velatorios y en nuestros camposantos.”

Con las virtudes del romero se podría escribir un libro entero”; “mala es la llaga que el romero no sana” o “quien padece migraña, con el romero se apaña”, así lo define el refranero cuando hace alusión a sus variadísimas propiedades curativas…

Para las abejas es uno de sus manjares preferidos y así de bien lo expresa Góngora:

“Las flores del romero

niña Isabel,

hoy son flores azules,

mañana serán miel”

Ya que estamos con literatura, los poetas del 27 sufrieron mucho de nostalgia en su exilio a tierras lejanas, como por ejemplo Emilio Prados, que escribía desde Méjico:

“quien vio el romero

y hoy no lo ve

¡como piensa en él!

Monte de jara y espino

¡como piensa en él!”

Antonio Machado tampoco se olvidó de él:

“De aquel trozo de España, alto y roquero,

hoy te traigo a ti, Guadalquivir florido,

una mata del áspero romero”

Y es que el romero en la literatura posee una historia muy antigua: ya Horacio, el gran poeta romano, escribió poemas alabando sus poderes mágicos.

Algunas recetas

Es muy común contra los dolores musculares el uso de alcohol de romero, cuya receta contiene aceite esencial de romero (20 g), aceite esencial de lavanda (10 g), alcohol etílico (750 mL), agua (250 mL),  cristales de mentol (50 g) y alcanfor (50 g).

La infusión de romero se prepara con 1 onza (28,9 g) de sumidades de romero por cada litro de agua hirviendo. Tiene uso externo e interno. Internamente se utiliza tomando 3 ó 4 cuatro tazas al día antes de las comidas.

El champú de romero ayuda a combatir la caspa y la alopecia, también indicado para problemas como cabello graso o picores del cuero cabelludo. Necesitamos 80 mL de aceite de soja; 2,5 mL (media cucharada de postre) de germen de trigo; 10 mL (2 cucharadas de postre) de aceite de romero; 5 mL (1 cucharada de postre) de aceite de cedro. Se mezclan los ingredientes en una botella y se deja reposar unos días antes de usarlo. Antes de lavarse la cabeza, se pone una pequeña cantidad de este preparado en el cuero cabelludo y se fricciona con el durante unos minutos, se cubre la cabeza con una toalla para facilitar la absorción del producto durante un ratito y después se procede al lavado del cabello.